En
los rincones oscuros de la selva correntina, cuando el sol se esconde y la luna
se asoma tímida entre las copas de los árboles, el Pombero comienza su andar.No
hay pisadas que lo delaten, no hay sombra que lo siga, pero su presencia se
siente como un susurro en la nuca, como un escalofrío repentino que eriza la
piel.Cuenta
la gente del monte que si se le deja tabaco o caña antes de dormir, el Pombero
puede volverse un aliado, protegiendo la casa de extraños y haciendo que los
caminos sean más cortos para quienes se aventuran en la espesura. Pero aquellos
que se burlan de él o desoyen las advertencias, corren el riesgo de perderse
para siempre en su engaño.Don
Ramón, un hachero testarudo que no creía en cuentos de viejas, se jactaba de no
temerle al Pombero. "Si
existe, que venga a buscarme", decía entre carcajadas mientras cortaba
leña al caer la tarde. Sus vecinos le advertían que no era bueno desafiarlo,
pero él seguía mofándose, hasta que una noche, su suerte cambió.Despertó
en plena madrugada con un silbido largo y sibilante que le erizó la piel.
Intentó moverse, pero su cuerpo estaba rígido. Su rancho parecía vibrar con un
viento frío que no venía de ninguna parte. De
repente, sintió unas manos velludas que lo arrastraban fuera de su cama.
Intentó gritar, pero ningún sonido salió de su boca.A
la mañana siguiente, lo encontraron en el monte, a kilómetros de su rancho,
descalzo y sin recordar cómo había llegado hasta allí. Desde aquel día, Don
Ramón nunca más volvió a reírse del Pombero. Cada
noche, antes de dormir, dejaba su ofrenda de tabaco y caña junto a la puerta,
murmurando un respetuoso "permiso" antes de acostarse.Y
así, en cada rincón de Corrientes, todavía resuena la advertencia de las
abuelas: "Portate bien o te va a llevar el Pombero". Porque
en la selva, las sombras guardan secretos que es mejor no desafiar. Tomado
de :Senderos Del Litoral - Pagina de facebook
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