Danzak
Epopeya
a la vida
La
voz de sus tijeras nos rendía, iba
del cielo al mundo, a
los ojos y al latido… Su
viaje duró acaso un siglo. José
María Arguedas
Qué
hay de mí en este crepúsculo rosado por la lluvia
cuánto
de fuego propagó el sino del mundo
la
paz, la naturaleza, el viento,
el
deseo de las hojas que caen
despertando
pasiones
finalmente,
amor en cada trazo de vida.
Estoy
aquí con el metal rechinante,
con
la brisa en los labios sangrantes.
En
plena puna de los Andes
tirito
mi baile como si fuese el fin de la Tierra.
No
dejo de gritar
en
el silencio de las montañas,
en
el eco de tu voz
que
gime como el paraíso del recuerdo.
Grito,
lloro, danzo,
en
esta tierra que pesa como la Luna.
Soy
el danzak moribundo en el mar de la poesía,
de
tus ojos que amo y grito en silencio.
Poeta
Lima
(Perú)
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