Mujer del barro
Todo sucedió en un pueblo de
alfareros. Uno de esos pueblos que todavía sobreviven cuestionando al hombre
cotidiano, a lo largo y a lo ancho de la cordillera andina.
Todos sus habitantes trabajaban el
barro como si fueran pequeños dioses dando vida a las cosas. Porque el barro
está ligado al hombre desde su origen, se reconozca o no su paternidad.
En este pueblo del que hablo, vivía
una mujer que fabricaba los mejores cacharros, las mejores y mas cantarinas
vasijas, una suerte de pájaros sonoros que parecían encerrar luz.
Como sucede en todas partes desde que
el mundo es mundo y sinó que va a ser, otra alfarera envidiaba los cacharros
que fabricaba la mujer del milagro.
Entonces resolvió adoptar una actitud
acorde a sus sentimientos: se convirtió en espía, para saber si existía algún
secreto, alguna forma especial en la obra de la mujer del barro.
Pacientemente, durante horas y horas,
las mismas y pacientes horas que emplean los espías y delatores, vigiló el
taller de su rival.
Nada: no pudo descubrir nada.
Porque el barro era el mismo y la
mujer lo amasaba cantando, la mezcla era la misma y la mujer la trabajaba
cantando; el cocido era el mismo y la mujer encendía la leña cantando.
Nada, ni los colores que semejaban
sangre y oro y que la mujer pintaba cantando, tenía la mas mínima diferencia.
Desesperada, la otra alfarera
envidiosa robó un cántaro de la mujer y lo llevó a su casa para descubrir el
secreto.
Una vez sola, encerrada como se
encierran los que carecen del sentido del homenaje a la vida, del diálogo, de
semejanza y del humor, rompió la vasija de un solo golpe.
El hombre, en definitiva, no es tanto
misterio.
Lo que sucede es que a veces no
alcanza a comprender las cosas y se altera su forma de vivir. Un pensamiento es
más fuerte que la historia, porque es capaz, precisamente, de torcer el curso.
Y todo porque entonces, del interior de la vasija, de cada pedazo roto, salió
el canto de la mujer que trabajaba cantando. Y ya sabemos, el amor a lo que se
hace produce lo mejor de la vida. Eso lo conoce hasta mi tía vieja. Ella dice
que cuando Dios hizo al hombre, seguramente aprendió a cantar.
Poeta
Bs As (Argentina)
1923 – 2002
Publicado en Revista Literaria “Mapuche”
- Nº88 - Primavera 2019
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