Tal como dice el título, el objetivo es rescatar y difundir textos de autores de todos los tiempos,èditos,inèditos,conocidos, desconocidos, argentinos,latinoamericanos, universales.

miércoles, 30 de julio de 2025

Juan Zorrilla de San Martín

 

La soledad
 
La soledad se sienta al lado mío
De noche, a medio día, en la alborada.
Yo la miro, y me mira... y le pregunto:
¿ De dónde vienes? Habla.
De un desierto, me dice, de un desierto
Tendido en sus arenas abrasadas;
De un bosque cuyos pájaros murieron
En una noche demasiado larga.
De las ruinas de un templo abandonado
Entre las cuales los recuerdos andan
Como alondras heridas y sin nido,
Que buscan sitio en que morir calladas.
De una llanura que crucé de prisa
En la noche después de una batalla;
Vengo hasta aquí desde muy lejos...
Vengo del fondo de tu alma.
 
Poeta,  escritor, docente y diplomático uruguayo
Uruguay
1855 -1931
 
Tomado de la página  Biblioteca Popular "Cultura y Progreso" de Morteros, provincia (Córdoba). Argentina.

miércoles, 23 de julio de 2025

Ray Bradbury, Fahrenheit 451 y el valor de 10 centavos

 


No tienes que quemar libros para destruir una cultura. Solo tienes que conseguir que la gente deje de leerlos.” (Ray Bradbury)
 
  Ray Bradbury, el autor de "Crónicas Marcianas" y "Fahrenheit 451", es uno de los escritores esenciales de la novela fantástica y de ciencia ficción, además de un ejemplo de determinación a la hora de cumplir el sueño de
 convertirse en escritor.
 
Bradbury, que desde los nueve años demostró una pasión irrefrenable por los libros y el saber, no pudo asistir a la Universidad por la falta de recursos de su familia. No le quedó otra opción que ponerse a vender periódicos para salir adelante, pero esto no frenó en absoluto su ansia por aprender e hizo de la biblioteca municipal su propia universidad, dedicándole horas y horas, durante al menos diez años, para completar su formación. Como el propio escritor decía:
 
“Fui a buscarme a mí mismo a la biblioteca. Antes de enamorarme de las bibliotecas, era solo un niño de seis años. La biblioteca alimentó todas mis curiosidades, desde los dinosaurios hasta el antiguo Egipto. Cuando me gradué de la preparatoria en 1938, comencé a ir a la biblioteca tres noches a la semana. Lo hice todas las semanas durante casi diez años y finalmente, en 1947, cuando me casé, pensé que ya no podía más. Así que me gradué de la biblioteca a los veintisiete años. Descubrí que la biblioteca es la verdadera escuela.”
 
“Pero con la biblioteca, supongo que es como la hierba gatera: empiezas a dar vueltas porque hay tanto que mirar y leer. Y es mucho más divertido que ir a la escuela, simplemente porque haces tu propia lista y no tienes que escuchar a nadie. Cuando veía algunos de los libros que mis hijos tenían que llevar a casa y leer, y los profesores los obligaban a leer, y los calificaban... bueno, ¿y si no te gustan esos libros?”
 
A los treinta años el éxito estaba aún por llegar. Aunque ya había escrito decenas de cuentos y algunos habían sido publicados, la economía familiar no daba para muchas alegrías y tenían que hacer auténticos malabares para cubrir las necesidades básicas con lo poco que él obtenía por sus cuentos y el pobre sueldo de su esposa, que todo hay que decirlo, apoyaba a su marido ciegamente en su proyecto de convertirse en escritor. Ya lo decía Bradbury: “Mi esposa Maggie me mantuvo y nunca se quejó. Sin ella, no habría Fahrenheit 451.”
 
En 1950 Ray Bradbury ya era padre de una hija pequeña y otra venía en camino.  Le resultaba imposible escribir en su casa. La pequeña rompía su concentración continuamente y le demandaba su atención para jugar, algo a lo que Bradbury no podía negarse. Pero la familia necesitaba los ingresos de sus cuentos. Tenía que encontrar una solución y pronto.
 
La solución llegó mientras paseaba por el Campus de la Universidad de Los Ángeles. Descubrió que en un sótano existía una sala de mecanografía en la que se alquilaban máquinas de escribir por 10 centavos cada media hora de uso. Bradbury vio el cielo abierto y con las ideas claras de lo que quería contar, empleó tan sólo 9'8 dólares o lo que es lo mismo 49 horas en escribir en una de aquellas máquinas de alquiler las aproximadamente 25.000 palabras del cuento "The Fireman" que sería el que, posteriormente ampliado, se convertiría en su exitosa novela "Fahrenheit 451". El propio Ray Bradbury contaba:
 
“No puedo explicarles qué excitante aventura fue, un día tras otro, atacar la máquina de alquiler, meterle monedas de diez centavos, aporrearla como un loco, correr escaleras arriba para ir a buscar más monedas (...). No podía detenerme. Yo no escribí Fahrenheit 451, él me escribió a mí. Había una circulación continua de energía que salía de la página y me entraba por los ojos y recorría mi sistema nervioso antes de salirme por las manos. La máquina de escribir y yo éramos hermanos siameses, unidos por las puntas de los dedos”
 
Ya saben que el título, Fahrenheit 451, alude a la temperatura a la que empieza a arder el papel, muy apropiado para esta novela de bomberos que queman libros en una sociedad en la que están prohibidos y eres denunciado como un criminal si tienes uno en casa. La esperanza se refugió en las mentes de los llamados “hombres libro” que los memorizaban palabra por palabra para que su sabiduría no se perdiera.
 
Es curioso que, en contra de lo que generalmente se piensa, Bradbury escribió esta novela no solo como una denuncia acerca de la censura o el control en sociedades totalitarias. El escritor declaró en repetidas ocasiones que el verdadero trasfondo de “Fahrenheit 451” era denunciar la anulación del pensamiento crítico y la pasividad intelectual que se estaba produciendo en las masas a causa de la por entonces emergente televisión. Su fácil e inmediato consumo había convertido el hecho de leer en algo fastidioso y minoritario. No sé qué pensaría ahora Bradbury del efecto hipnotizante que sobre todos nosotros provocan los móviles. ¿Por cierto, a qué temperatura empezará a arder un móvil?
 
Créditos: "Anécotas  de Cine, Música  y Arte". (Paco López)
 
Tomado de la página  Biblioteca Popular "Cultura y Progreso" de Morteros, provincia (Córdoba). Argentina.

miércoles, 16 de julio de 2025

Alejandro Villalba

 

Ausencia: La Quemadora
 
Llegaste con el ruido de una llama,
quemadora de rosas quemando rosas a secas
como se prende olvido a una veleta,
como le prenden  aguas a la verja
los rocíos fugases que caen y que  caen,
como  se desenagua el amarillo
de una dalia madura.
 
Llegaste entre un manojo de palabras
que rodaron   borrachas por la mesa
y seguiste quemando  quemadora de cuadros,
quemadora de vasos, de sombras habitantes,
ardiendo la distancia casual que entre mis ojos
y tu perfil carbón quedó esparcida.
 
Llegaste tan furiosa como el aire
de tu propia tormenta.
 
Llegaste como nunca  insatisfecha
y te quedaste junto a la columna
vertebral de mi muerte.
                                    Quemadora
quemando  una por una mis costillas,
como se prende un tajo a la tortura,
como prende la sal en cada herida,
como se prenden siempre a un recuerdo.
Y nos desmoronamos en cenizas.
 
(del libro: “La Quemadora” -  A.V. Editor –  Cósquin - 1991|)
 
Poeta
Cosquín (Córdoba) Argentina
1963 -  2023

miércoles, 2 de julio de 2025

Alberto Cortez

 


Si no estuvieras aquí
 
Si no estuvieras las paredes de la casa
se volverían más oscuras cada día.
Pero contigo se me antojan aún más blancas
que la más blanca claridad del mediodía.
 
Si no estuvieras delineándome los sueños,
en cada codo del camino, en cada posta,
se tornarían mis anhelos tan pequeños,
como la senda más oscura y más angosta.
 
Si no estuvieras amainando la rutina
con tu horizonte rebosante de ventanas
caminaría en una calle sin esquinas
y sin aceras ni buzones ni campanas.
 
Mi vanidad se instalaría en la azotea,
con sus espejos sugestivos de colores
y los aciertos, nada más, si no estuvieras
me mostraría sobre todos mis errores.
 
Si no estuvieras rescatando mis olvidos
del carrusel de los asuntos cotidianos,
me sentiría de repente sorprendido
de no saber lo que llevaba entre mis manos.
 
Si no estuvieras enhebrando mis regresos
en los telares transparentes de la espera,
me volvería vagabundo como el viento,
para que el viento me llevara a donde fuera.
 
Si no estuvieras con tus alas luminosas,
si no estuvieras relevando mis enojos,
si no estuvieras, ¿qué sería de mis cosas
sin la sentencia enamorada de tus ojos?
 
La soledad me atraparía en esa esfera
adonde van a liberarse los suicidas;
si no estuvieras, mi amor, si no estuvieras,
dando razón a las razones de mi vida.
 
Cantautor argentino
Rancúl (La Pampa) 1940 - 2019. Mósteles (Madrid)
 
Tomado del muro de  Biblioteca Popular "Cultura y Progreso" de Morteros, provincia de Córdoba, República Argentina"