Tal como dice el título, el objetivo es rescatar y difundir textos de autores de todos los tiempos,èditos,inèditos,conocidos, desconocidos, argentinos,latinoamericanos, universales.
miércoles, 27 de marzo de 2024
Jorge Luis Borges
“La poesía es
un hecho mágico, misterioso, inexplicable, aunque no incomprensible. Si no se
siente el hecho poético cuando se la lee, quiere decir que el poeta ha
fracasado. Ahora, también puede fracasar el lector; eso sucede a menudo y es lo
más común. Sentimos la poesía como se siente la proximidad de una mujer, o como sentimos el mar o una
montaña. Esa proximidad está siempre a punto de revelarnos un algo; un
algo indefinible. ¿Para qué entonces
intentar definiciones de la poesía, para que diluirla en palabras, que sin duda
son más débiles que nuestros sentimientos?”.
miércoles, 13 de marzo de 2024
Liliana Santacroce
Tarde
de elefantes
Cuando
nos conocimos yo tenía 8 años y vos 12. Enseguida te llamé elefante y no por
tus enormes orejas (aunque las tenías) sino por tu hermosa trompa, dibujada en
tu cara de enojado, llena de manchitas como si fueran pecas, como si fueran de
a ratos, agujeritos; por los que se
podía hundir los dedos, comprobar su existencia y entrar a través de ellos en
un mundo mágico donde habitaban dos enormes ojos azules y una mirada profunda
triste o burlona, según fuera la ocasión.
Nuestras
madres se conocían desde antes, de la escuela. Pero, por esas cosas que le
ocurren a los grandes, se habían dejado de ver por un tiempo, hasta que se
encontraron en el supermercado aquella tarde de nuestro encuentro, en el que yo
supe de inmediato lo que era sentir amor a primera vista.
Vos
estabas furioso porque querías ver la nueva sección electrónica donde exhibían
videos juegos. Y tu madre no quería detenerse porque estaba apurada, aunque
ahora se entretenía con la mía, recordando a tal o cual amiga, o el tiempo que
hacía que no se veían.
Fue
en uno de esos momentos cuando vos te descuidaste, y yo hundí mi dedo de
chocolate con almendras, en uno de tus hoyuelos para intentar palpar la entrada
a ése mundo mágico de tu cara. Por supuesto me sacaste la mano con tal furia
que hizo que mi madre dejara de lado su conversación, y nos mirara por unos
segundos. Segundos que se me hicieron eternos...
Se
despidieron con la convicción de volverse a ver aquel sábado siguiente.
Pasaron
muchos años en el que crecimos demasiado rápido, visitándonos a diario ya que
fuimos apoderándonos de la amistad de nuestras madres, a pretexto para vernos;
ya no te oponías a mis urgencias táctiles. Acariciaba tus pequeñitas, ahora
diminutas pecas casi imperceptibles a los ojos, pero que yo conocía muy bien,
porque ya eran parte de nuestro ritual de cariño. Vos seguías mis dedos con los
tuyos llevándolos a tus labios, besando
cada uno de ellos con la pasión de un verdadero amante.
Cuando
les dijimos a los nuestros que queríamos estar juntos todo el tiempo, no se
sorprendieron. Nos fuimos a vivir aquella tarde a la casita de tus abuelos que
te habían dejado por herencia. Allí nos acomodamos entre muebles prestados,
algunos desvencijados y otros recién pintados.
Supe
que tenía un atraso al poco tiempo, se me hincharon los pies, se abulto mi
panza, y se convirtió en cancha de fútbol por un montón de pataditas que
compartíamos con alegría y esperanzas.
Vos
lograste recibirte de ingeniero mientras yo seguía comiendo mis chocolates con
almendras, tocando mis canciones con la guitarra, y declamando como poeta mis
urgencias por la paz y armonía de nuestro mundo...
Supe
que te dejaba solo con nuestro bebe cuando corrió el rió de sangre entre mis
piernas, y los rostros del médico y de las enfermeras que me atendían en el
parto, se oscurecieron; se me nublaron los ojos y pedí por tu amparo,
extendiendo mis manos hacia tu cara asustada. Por tus hoyuelos me fui
perdiendo, por tu trompa de elefante angustiado y por tu mirada de azul, eterno
azul entre cielo y mar...
Poeta
y narradora
Córdoba
Capital (Argentina)
Publicado en Revista
Literaria "Mapuche - N° 40 - Otoño 2007
miércoles, 6 de marzo de 2024
Irma Droz
Entre dos cielos
Se eriza mi piel
bajo la palma de tu mano.
Una bandada de caricias
atraviesa mi cielo.
Un arrebato de ternuras
me despierta, apenas …
El sueño nos arrulla
y la certeza del amor,
no habita.
Mientras, afuera,
va creciendo el día
iluminando otro cielo.
Yo, me acurruco en éste,
donde el vuelo de tus manos,
me amanece.
Poeta.
Santa María de Punilla (Córdoba) Argentina
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